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La presión del grupo en la empresa japonesa

Gianandrea Staffiero

 

Documento original: La presión del grupo y la aversión a la injusticia en la empresa japonesa

Año: 2006

Idioma: Inglés

El comportamiento humano es difícil de predecir. Aun así, en un escenario de grupos en el lugar de trabajo, quienes realizan un esfuerzo importante suelen estar resentidos con los llamados "aprovechados". Quienes cumplen con su trabajo a menudo quieren castigar a los que no hacen lo suficiente y de este modo satisfacer la parte externa de la presión del grupo, que es la vergüenza. Otros miembros del grupo ejercerán la presión interna, o culpa, adaptándose a la decisión de sus compañeros.

Es lógico preguntarse cómo abordan la presión del grupo los distintos contextos culturales. Por ejemplo, ¿qué sucede cuando sometes la cultura japonesa, oriental y basada en el trabajo en equipo, a una fuerte dosis de interacción social? En el documento de investigación "Peer Pressure and Inequity Aversion in the Japanese Firm" ("La presión del grupo y la aversión a la injusticia en la empresa japonesa"), el investigador de posdoctorado del IESE Gianandrea Staffiero muestra que los japoneses prefieren la igualdad y, de un modo complejo, utilizan la presión del grupo y el control mutuo para alentar la cooperación en su entorno de trabajo.

Los académicos han subrayado que la presión del grupo constituye un aspecto importante y distintivo de la vida en las empresas japonesas en comparación con sus homólogas occidentales. Japón posee una cultura comunitaria que en general se inclina por organizar la producción en equipos. En cambio, las sociedades occidentales se caracterizan por una orientación más individualista que conduce hacia un sistema de incentivos y control basado en la jerarquía y la valoración del rendimiento individual.

El estudio de Staffiero explica las causas de que en las empresas japonesas prevalezca la producción en equipo y exista un elevado nivel de control del grupo. Los japoneses sienten aversión por la "desigualdad desfavorable"; están dispuestos a hacer el esfuerzo de controlar a sus compañeros y de castigar a aquellos que trabajen menos. Ponen en su sitio a los "aprovechados".

Por otro lado, el documento explora datos un tanto contradictorios, relacionados con los "experimentos transculturales", que proyectan dudas sobre la idea generalizada de que los japoneses muestran una actitud mucho más cooperativa que los occidentales. Puede parecer extraño, puesto que los japoneses prefieren trabajar en equipo. Staffiero explica esta contradicción.

Es cierto que los japoneses prefieren una mayor igualdad de condiciones. La "tendencia al grupo" está muy arraigada culturalmente en Japón. Los japoneses suelen desarrollar fuertes vínculos en su vida, en la familia y la empresa, y no están acostumbrados a confiar en los demás cuando esos vínculos son débiles. Sus tendencias al igualitarismo también fomentan la cooperación en el seno de su pueblo y con otros pueblos. Históricamente, los japoneses se han mostrado dispuestos a llegar a la violencia en caso de disputa. Por ejemplo, un pueblo atacaba a otro por el control del agua necesaria para el cultivo del arroz.

Estos matices culturales también se manifiestan en el lugar de trabajo. En caso de conflicto o dilema, los trabajadores japoneses están dispuestos a ejercer la presión del grupo con el fin de alcanzar un equilibrio cooperativo. Si se da un comportamiento no cooperativo, son más propensos a castigar. Este dato explica la ambigüedad que envuelve su "actitud cooperativa". Los datos de los experimentos descritos en el documento muestran que en Japón se da una mayor tendencia a castigar el comportamiento "aprovechado", que puede ser visto como "explotador".

Por otro lado, Staffiero afirma que el empleo de larga duración, un rasgo característico de la empresa japonesa, también influye en la eficacia de las sanciones a los compañeros. Si alguien se gana la fama ser "aprovechado", los perjuicios que va a sufrir a diario son evidentemente más graves que los que experimentaría si se le diera la posibilidad de dejar la empresa con un coste mínimo. Sin embargo, el empleo de larga duración también dificulta que los japoneses construyan relaciones de confianza con extraños.

La práctica organizacional de los traslados horizontales también es muy común en Japón. Las rotaciones de puestos permiten a los empleados trabajar en varios departamentos, oficinas o fábricas, de forma que hay muy pocas posibilidades -sobre todo en las grandes empresas- de que los empleados trabajen juntos en el mismo sitio durante mucho tiempo. A medida que se van moviendo, la presión del grupo cambia.

En resumen, la tendencia japonesa a ejercer la presión del grupo y a controlarse mutuamente en el lugar de trabajo emana de su cultura igualitaria y comunitaria y de los aspectos organizacionales observados en las empresas del país. Los japoneses prefieren la igualdad y antes castigarían a sus compañeros no productivos que dejarles ir por libre, incluso si ello afecta a la interacción social y supone un esfuerzo extra para controlarles, una tarea que siempre se ha creído limitada a las relaciones jerárquicas.

Staffiero concluye con una observación cultural: "...las diferencias entre Japón y los países occidentales podrían persistir durante mucho tiempo. Sin embargo, si el hecho de que los países estén cada vez menos aislados revierte en una cierta 'convergencia cultural', las cosas podrían cambiar".

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