Juan de la Cruz Ramos Cano, Juande, es un entrenador con una de las trayectorias más sólidas del mundo del fútbol. Aún con altibajos, su carrera le ha llevado desde las categorías base hasta dirigir un grande como el Real Madrid. Por el camino ha logrado, por ejemplo, cinco títulos con el Sevilla. Y sobretodo ha demostrado que es capaz de rescatar barcos que parecen irremediablemente hundidos: su Tottenham pasó de los puestos de descenso a ganar la Carling Cup, el equivalente a la Copa del Rey en Inglaterra.
Es justamente esta habilidad la que ha despertado el interés del psicólogo José Carrascosa, la periodista Yolanda Damià, el profesor del IESE Kimio Kase e Ignacio Urrutia (Universidad Antonio de Nebrija, IESE). En “Reconversión Organizativa: El Método Juande Ramos” desvelan los sistemas que aplica este entrenador, una filosofía de gestión que creen perfectamente válida para el mundo de la empresa. Bajo esta premisa, Kimio Kase e Ignacio Urrutia idenificaron un modelo de gestión de cambio en base a los casos de Carlos Ghosn de Nissan/Renault y Samuel Doria Medina de Soboce de Bolivia, que ha sido ilustrado en este libro con el ejemplo de Juande Ramos.
¿Qué tienen en común un entrenador de fútbol y un CEO?
En el deporte rey, ser entrenador requiere conocimientos en muchas y muy variadas facetas, además de soportar una gran presión. Justo como un directivo. Ambos viven de los resultados, con la particularidad de que en el fútbol se vive al día: una mala racha y a la calle. El mánager deportivo, además, lidia con una plantilla relativamente inmune al “ordeno y mando”, ya que a menudo el futbolista cobra más que su jefe y es el activo más valorado del club. El entrenador, más que mandar, debe influir, convencer y persuadir para convertirse en líder. Lo mismo le ocurre al CEO: en su caso, la empresa es demasiado grande para controlarla de primera mano. Debe delegar y sobre todo inspirar para que los demás hagan bien su trabajo.
Por regla general, cuando un club contrata un entrenador lo hace porque las cosas no van bien. Lo mismo ocurre con los directivos llamados a reflotar empresas. Ambos puestos de trabajo requieren diagnósticos rápidos, plantear una estrategia de futuro y crear un equipo en el que confiar. También deben identificar líderes de opinión que puedan convertirse en evangelizadores, en transmisores del mensaje de la dirección. Y sobretodo, buscar victorias iniciales que refuercen su posición, unos primeros resultados palpables que venzan la resistencia al cambio.
El método
Cuando toma el mando de un equipo, Juande basa su trabajo en tres pilares. El primero es su apuesta por ganar. Parece obvio, per lo cierto es que la mayoría de personas en su posición sólo piensan en no perder. Eso les hace sufrir su profesión, ya que viven angustiados pensando en los resultados. Un estrés que se traslada al equipo, que sufre enfados, recriminaciones y la preocupación que transmite el mánager. En cambio, los que apuestan por ganar se muestran ilusionados y ambiciosos, capaces de superar cualquier adversidad. De hecho, disfrutan con la máxima exigencia, destilan tranquilidad y confianza.
La segunda máxima es el protagonismo del equipo frente al ego personal. Lo que otros intentan inculcar sólo entre sus jugadores, él empieza por aplicárselo en persona. Eso implica traspasar todo el protagonismo al equipo, impedir que nada actúe en contra del mismo, alejando las polémicas y los halagos excesivos. Por último, Ramos apuesta por la confianza frente a la obligación. Muchos entrenadores emplean expresiones del tipo “ganar sí o sí” o “ganar como sea”. Esta actitud transmite urgencia, presión y sobredimensiona las consecuencias de la victoria y la derrota. Su enfoque, por el contrario, consiste en crear un clima de rendimiento, un espacio que invita y conduce al futbolista a dar lo mejor de sí mismo.
La clave es lograr que fluya
Este flow, este estado óptimo, sólo se consigue pulsando muchas teclas a la vez. Primero, el entrenador o directivo debe rodearse de un equipo multidisciplinar: nadie puede dominar todos los ámbitos, para eso están los especialistas. Por ejemplo, Juande trabaja con un psicólogo deportivo porque considera esencial contar con un especialista para gestionar los estados de ánimo. De la misma forma, nunca se aventura en áreas que no domina: conoce y acepta sus límites.
Otra de las claves es la comunicación interna. Como ya hemos comentado, Juande prefiere convencer a ordenar. Ese convencimiento lo logra desde el diálogo, pero de manera estudiada. Lo principal es no abusar de la palabra, Ramos nunca alarga sus discursos más de lo necesario. De lo contrario, acabaría en sermones inocuos. También busca tiempo para conversar con cada futbolista, para que sepa lo que hace bien y lo que no. Nunca miente, algo que todos le agradecen.
El clima positivo también se consigue, lógicamente, con bromas y buen ambiente; pero la gestión de conflictos es tanto o más importante, puesto que si se resuelven bien, harán más fuerte al grupo. Por eso Juande valora si tiene que intervenir o no; y si lo hace, no personaliza el problema, lo usa para educar al grupo.
La fuerza del día a día
Por otro lado, sus entrenamientos son siempre con balón, más agradecidos para el jugador, pero a la vez siempre competitivos. Además, valora mucho el trabajo diario y no confía en los que sólo luchan los domingos, ya que entendie que la competición es cuestión de rutina. El futbolista que compite continuamente es el que al final es capaz de imponer su trabajo ante el rival.
No importa si algunos futbolistas necesitan más apoyo moral, más dedicación por parte del entrenador. Tampoco pasa nada si otros miembros del equipo prefieren tener algo más de libertad. Al final, la exigencia iguala a todos, sin diferencias. Este culto al trabajo es la base del Método Juande. Inculca a sus hombres la certeza de que pueden imponerse a cualquier rival: no importa lo bueno que sea si ellos trabajan más y mejor.
Es obvio que el deporte profesional se rige por algunos códigos que lo separan del mundo de la empresa a nivel global, pero una filosofía como la estudiada puede guiar al directivo por un camino lleno de éxitos.