La banca como motor de desarrollo
A partir del análisis del impacto de la banca en diversas zonas del mundo, Francesc Prior y Javier Santomá se aventuran a realizar una serie de recomendaciones generales a las empresas financieras que apuesten por los mercados en vías de desarrollo. Los autores aconsejan utilizar medios electrónicos y soluciones de banca móvil, dos medios que lograrían salvar la escasa presencia de las empresas financieras en las regiones más desfavorecidas.
África, una gran oportunidad para empresas y clientes
En algunos países de África, las cifras hablan por sí mismas: en Kenia, sólo el 10% de la población adulta tiene acceso a servicios financieros básicos; en Uganda sólo el 6,7% y en Tanzania el 6,4%, mientras que de Malawi ni siquiera se tienen datos fiables. La profundización financiera del Magreb es mejor que la mayoría del continente, pero está todavía lejos de alcanzar los niveles del primer mundo. A la misma conclusión llegan José Ramón Pin, Ángela Gallifa y Lourdes Susaeta (IESE) en su estudio sobre Túnez, donde las restricciones y regulaciones obstaculizan el desarrollo del microcrédito.Estados Unidos, una banca alejada de una parte del mercado
El sistema financiero de Estados Unidos está pensado sólo para quién se lo pueda pagar. Las opciones son caras, los cajeros automáticos se alejan de las zonas desfavorecidas y los operadores alternativos llenan ese hueco a cambio de comisiones abusivas. Esta situación afecta a muchos inmigrantes latinoamericanos que, a pesar de consumir servicios financieros regularmente, no se acercan demasiado al banco.
Latinoamérica, el potencial de las remesas
El nivel de penetración financiera en Latinoamérica y el Caribe es bajo comparado con el de los países desarrollados, e incluso con el de otras áreas del mundo en vías de desarrollo. La demanda insatisfecha de servicios financieros obliga a buena parte de la población latinoamericana a recurrir a servicios informales, mucho más costosos e ineficientes. Es hora de que la banca deje de centrarse en los escasos clientes de valor a los que tienen acceso, y aprovechen el potencial de las miles de remesas que los inmigrantes envían a sus países de origen.